A veces te encuentras reflexiones interesantes y muy actuales donde menos te lo esperas. No me sorprende encontrar en Groucho Marx, una vez más, las ideas claras e inteligentes.
Quizás lo que ha llamado tanto mi atención es su forma de ver el amor y la soledad, y como ésta última mueve más montañas que el mismo sexo. Ya me contareis después de haberlo leído:
No hay duda de que el sexo es la fuerza responsable de la perpetuación de la raza humana. Si no existiese, la vida desaparecería en pocas décadas, lo que tal vez no fuese mala idea. Creo, sin embargo, que el verdadero amor aparece sólo cuando se han amortiguado las primeras llamaradas de pasión y quedan sólo las ascuas. Este es el verdadero amor, que guarda sólo una relación remota con el sexo. Sus partes integrantes son la paciencia, el perdón, la comprensión mutua y una larga tolerancia hacia los defectos ajenos. Creo que esta es una base mucho más firme para la perpetuación de un matrimonio feliz.
Pero ¿por qué he de divagar acerca de esto? Pongámoslo todo en manos del maestro, G.B.S. (Shaw para tí), a quien cito: "Cuando dos personas están bajo la influencia de la más violenta, la más insana, la más ilusoria y la más fugaz de las pasiones, se les pide que juren que permanecerán continuamente en esa condición excitada, anormal y hasta agotadora, hasta que la muerte los separe".
Ahora que el señor Shaw y yo hemos definido el amor y hemos hecho con él un paquete pequeño, primoroso y superficial, prosigamos. Creo que la soledad es responsable de más matrimonios que el tan traído y llevado sexo.
He leído muchísimas biografías describiendo la vida plácida del soltero, pero no te lo creas. Un amigo mío llamado Devlin (hermano de sangre de Delaney) me dijo una vez con cierto arrepentimiento que si durante los días de su noviazgo hubieran existido la televisión y las comidas en lata, nunca se hubiera casado. Hay la suficiente verdad en su afirmación para hacerme creer que desearía no haberse dejado atrapar jamás.
El muy tonto no comprende que, prescindiendo de cuantas comidas en lata tragara o de cuantos televisores tuviera en casa, seguiría estando solo. Las comidas en lata son un invento maravilloso, pero no pueden reemplazar a una mujer enamorada que cuida a su marido. Si tuviera que definirlo con una sola frase, tal vez utilizaría esta: "El mejor banquete del mundo no merece la pena ser comido a menos que se tenga a alguien con quien compartirlo". Y lo mismo ocurre con todas las experiencias compartidas. La mitad del placer que supone ver la televisión en casa consiste en que uno puede volverse hacia el compañero y comentar los programas infames que las emisoras producen con toda deliberación. No hay nada más espantoso que sentarse solo en el cine, sin nadie con quien hablar. Durante mis retiradas de la vida matrimonial, con frecuencia experimenté esta desagradable sensación.
Tal vez sea un caso excepcional, pero encuentro casi imposible ver una película a menos que pueda lanzar a mi compañero, hombre o mujer, preguntas como: "No habíamos visto el año pasado a ese gordo en Aquí está la pubertad o "He olvidado quien ha dirigido esta porquería; ¿cómo se llama?" o "¿Crees que ella es verdaderamente culpable?" Comprendo que esta clase de charla estúpida puede ser enloquecedora para mi compañero, para no mencionar a los espectadores que nos rodean, pero es un impulso que, por desdicha, no puedo dominar. Y ése fue el origen de una aventura horrible.
Groucho Marx es una de mis personas favoritas; por él soy marxista. En este texto da algunas claves mu interesantes sobre las relaciones duraderas.
Ya hemos comentado anteriormente que, una vez pasada la limerencia (embeleso), la relación ha de pasar a otra fase, o corre un serio riesgo de ruptura. También hemos hablado de parejas que se mantienen unidas por el miedo a la soledad.
Me ha gustado la noción de que disfrutar en realidad es: disfrutar en compañía. Igual que uno desea contar a otros los buenos momentos, y así los revive, también puede gozar de ver cómo disfruta su pareja (p.ej. en el sexo, aunque no sólo). Y hay muchos placeres que se disfrutan más si estás junto a tus amigos, familia y/o pareja.
Sobre la frase de Bernand Shaw, creo que también es muy cierta; decía la Dra. López Sosa que se pretende que una pareja permanezca unida casi 60 años (gracias a la mayor longevidad actual), lo que se antoja una dificilísima prueba para cualquiera. Sin embargo, hay quien lo logra; a veces por costumbre, otras por miedo a la soledad, por falta de independencia económica, o incluso, en ocasiones, por AMOR.

Fantástica vuestra entrada de hoy, jajaja!
ResponderEliminarMe viene a la mente alguna gracia del tipo: "No piense mal de mí, señorita. Mi interés por usted es puramente sexual"
Pero me quedo con aquella frase que decía: "Hijo mío, la felicidad está hecha de pequeñas cosas: Un pequeño yate, una pequeña mansión, una pequeña fortuna…"
Desde luego, Anónimo, una entrada magnífica. Al igual que Tarzán, me declaro fan de Groucho y referente al tema me encanta ésta cita : "Lo malo del amor es que muchos lo confunden con la gastritis y, cuando se han curado de la indisposición, se encuentran con que se han casado."
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